Lineas

Alcmeón vivía en un pueblo.
Sus padres habían muerto.
Pero tenia novia.
Se llamaba Noelia.
No el.
El se llamaba Alcmeón.
Noelia era el nombre de su novia.
Y, en otro sentido, era también su novia.
No era bonita.
Era hábil.
Había sido electa reina de la vendimia.
En el pueblo no había vendimia.
En los alrededores tampoco.
Pero había una reina de la vendimia.
Era una zona ganadera.
Vacas, novillos y terneras.
Eso no daba para reinas.
No había reinas de carnear vacas.
No la habían instituido.
No querían festejar la matanza.
De haberlo hecho, se habrían descubierto.
Se habría descubierto que les gustaba matar.
Por eso tomaron un desvío.
Pusieron reina de la vendimia.
Noelia había salido electa.
No por bonita.
Por culta.
Las concursantes no solo debían desfilar semidesnudas.
También desnudas.
No; mentira.
Debian recitar una poesía.
El jurado elegía a la que recitaba mejor.
Si no, se habrían deschavado.
Habría quedado al descubierto su lubricidad.
Para ocultarla, tenían una triquiñuela.
En el jurado agregaban señoras respetables.
Y fingían interesarse en la poesía.
Noelia declamo muy bien.
Fue fea su poesía.
Pero la supo decir.
Pronuncio todas las eses.
Dejo un silencio siempre que venía una hache.
Se había preparado bien.
Muchos ensayos frente al espejo.
Y frente a la ex-directora escolar.
La antigua directora,
Se habría ofrecido gentilmente para preparala.
¡Que buena la antigua directora!
Le había enseñado a declamar.
La había alentado y la había embebido de su aliento.
Le recitaba de cerca.
Le hacía vivir cada palabra.
Se le escupía en la cara.
Noelia resistía heroicamente.
Quería ser reina.
Quería súbditos.
Quería el premio.
La poesía era un medio.
Después vería si seguía recitando.
La directora le insistía.
No era sólo para el concurso.
Noelia tenía condiciones.
Podía declamar en todas las grandes ocasiones.
Podía enaltecer los festejos patrios.
Después del concurso, tenía que seguir,
Todos los días de ocho a doce declamación.
La antigua directora era jubilada,
Y no tenía nada que hacer.
Podía darle clases hasta los domingos.
Después de la misa, declamación.
Y no le cobraba nada.
Noelia sólo tenía que prepararle el té.
Ponerle miel a la grappa.
Y ayudarla a vestirse.
Y hacerle mandados.
Y dar de comer a los gatos.
Noelia se la bancaba porque tenía fé.
En la fé que le tenía la señora directora.
Cada día recitaba mejor.
Aunque había que alcanzar un nivel superior.
Siempre había algo para corregir.
Algunas partes de la cara de Noelia estaban intactas.
Estaban aún sin escupir.
La antigua directora era fuente inagotable de saliva.
Hasta que una vez que estaba recitandole Ruben Darío,
Le vomitó.
En la marcha triunfal, cuando fue a decir “panoplias”, lanzó
Y eso sí que Noelia no se lo tragó.
Y a la ex directora la abandonó.
Y se fue a elegir la malla que usaría en el certamen.
Y ejercitarse contoneos y caídas de ojos.
Y en esos días descuidó a Alcmeón.
Que era su novio.
Llevaban más de dos años saliendo.
Se conocían de antes.
De dar la vuelta en la plaza.
Pero nunca se cruzaban.
Se desplazaban a igual velocidad.
En el mismo sentido.
Eran extremos de un diámetro giratorio.
Pero una vez a el lo detuvieron para pedirle fuego.
Había mucho viento.
La llama se apagaba.
Cuando por fin pudo con el encendedor,
Noelia justo pasaba.
Y él quedó caminando a su lado.
Y se pusieron a hablar de que había viento.
Y la tarde siguiente también se encontraron y hablaron de lluvia.
Porque llovía.
Ellos tenían poca capacidad de atracción.
Si hacía frío, el tema del calor no se tocaba.
Y cuando hablaron de amor,
Fue, que estaban ya enamorados.
Y no iban sólo a la plaza.
Iban al cine o a bailar.
Iban por descontado a tomar un helado.
Pero ella por esos días de la coronación no aparecía.
Y cuando al fin llegó el gran día,
Y el con cándida alegría vio desde la gradería.
Que era su novia la reina, quiso besarla.
Y fue corriendo al estrado y la abrazó.
Pero Noelia le hizo a un lado.
Y le dijo que no era el momento.
Que debía tener otras cosas.
Premios, contratos, festejos, propuestas varias.
Y el se volvió a su habitación.
A mirar televisión.
Pero estaban transmitiendo la elección de la reina.
¡Maldición!
Apagó y se fue a un bar.
Pero tenían la tele prendida.
Y estaban viendo lo mismo.
El volvió a su habitación.
Estaba sonando el teléfono.
No quería atender.
Pensaba que era para felicitarlo por el triunfo de Noelia.
Si era eso les iba a cortar.
No podía aceptar felicitaciones.
Pero no.
Era de la capital.
¡Atención! ¡Atención!
Alcmeón se había ganado una beca de computación.
Y la beca consistía en que el iba.
Y le vendían una computadora y les daban clases.
Y debía pagar las clases y la computadora.
Sin hacerse rogar, Alcmeón esa misma noche partió.
En el bar de la terminal, pidió una bebida.
Y no se la quisieron cobrar.
Ya fuera por lástima o como gesto de despedida.
Al llegar, en el bar de la terminal de la capital,
Se llevó una sorpresa.
Cuando fue al baño,
Le robaron el bolso que estaba en la mesa.
Y Alcmeón preguntó.
Pero no pudo dar ni siquiera con alguien,
Que creyera que había habido un bolso.
Había otras creencias en Dios en varias ciencias.
Pero ninguna en la existencia de su pertenencias.
Tuvo ganas de regresar a su pueblo.
Pero pensó en la beca y se dijo
“Babieca, si acá en la ciudad hay gente buena”.
Y cuando en una pensión le preguntaron su ocupación.
Alcmeón con aire de locatario,
Les dijo “soy becario”.

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